Castillos en el aire.

Por Carlos Muñoz-

Cuánto sufrimiento, cuánto dolor, cada vez que alguien está paralizado porque sabe que en su vida hay cosas que no van bien (lo siente así) y no puede hacer nada para ordenarse (o eso piensa). Ese estado suele ser a veces muy largo en el tiempo y supone un gran desgaste para la persona. A veces suele pasar que todo empieza poco a poco, siendo cada vez más consciente de que los problemas de su vida se los genera él/ella. Otras, sin embargo, sucede algo inesperado que sacude su vida como un tornado y de repente se le evidencia todo el pastel de golpe. Sea cual sea el caso, se suele llegar al mismo punto: “¿Y ahora? ¿Que hago ahora?”.

Son pocas las personas que tienen el valor de buscar el origen del problema que tienen y ponerse a ello sin titubeos. Lo más habitual es que no queramos ver cuál es el origen de nuestros problemas, no queremos ni mirarlo porque intuimos que puede ser demasiado doloroso. Nos engañamos a nosotros mismos señalando con el dedo a nuestro jefe, a nuestras amistades, al gobierno, a nuestra pareja, etc, porque ese dolor es más soportable. Sin embargo, casi siempre esa primera gran herida, de la que penden todas las demás suelen ser con nuestra madre, padre y en última instancia con nosotros mismos, y eso ya es más difícil de gestionar.

Es mucho más fácil arremeter contra nuestros maridos o contra nuestros jefes, que contra nuestro padre. Es más fácil castigar a nuestras mujeres que reconocer que sólo se está expresando una venganza contra nuestra madre (sólo son 2 ejemplos de las infinitas que hay).

Sin rodeos, tu vida (tu castillo) la has construido sobre unos cimientos teñidos de desvalorización (falta de autoestima), sensación de inexistencia, conflictos con la autoridad, sensación de no merecimiento, necesidad de reconocimiento, etc. Todos los análisis que hayas podido hacer en tu vida sobre ciertas situaciones, decisiones que has tomado o resoluciones que has aplicado, están TOTALMENTE CONDICIONADOS por la programación que hay en los cimientos de tu castillo.

Cómo te relacionas con tus hijos, con tus padres, con tus hermanos, con tus amistades, con el trabajo, con el dinero, contigo mismo/a…., está por todas partes…

Y ahí estás tú, intentando poner orden (coherencia) en una habitación de tu castillo mientras no te atreves a mirar otras zonas de tu castillo porque quizás tendrías que cuestionarte aspectos de tu vida que consideras inamovibles, sagrados. Y es precisamente esa resistencia, la que te está indicando dónde está el problema. Pero no, nos obstinamos en reformar esa habitación: manita de pintura, muebles nuevos, suelo de otro material…, y esperamos que nuestra vida se arregle.

Si esa habitación es la esfera de las amistades (por ejemplo), hacer una criba o alejarte de algunas de ellas y cambiar tu actitud hacia ellos, puede que te de un tiempo de una sensación de mejoría, pero tan sólo lo has aplazado ya que se trata de un problema de inexistencia (por ejemplo) que se gestó y reforzó en tu infancia y por lo tanto está estructurado en tu personalidad.

Pasa el tiempo, y poco a poco esa sensación de vacío existencial, de malestar, vuelve a ti. ¿Te suena?

En general, queremos cambiar el menor número de cosas de nuestro castillo, pero eso no va a funcionar. ¿Esperas que tu vida cambie si sólo te permites poner orden en una pequeña parcela de ella? Obviamente no lo suficiente, recuerda que está cimentada toda ella en unos programas que se manifiestan por todas partes.

¿Quieres sentirte en paz contigo mismo/a? ¿Quieres experimentar plenitud en tu vida? Sólo hay una forma: construye un nuevo castillo, pero esta vez cimentado sobre amor y respeto hacia ti, a tu medida. Si haces eso, si tienes la honestidad suficiente de desgranar tu actual castillo y sentir lo que tiene cabida y lo que no en tu nueva obra, podrás incluso trasladar partes del antiguo castillo al nuevo. Pero habrá partes de él que de ninguna manera encajarán en tu nueva vida.

Para que una persona pueda hacer ésto y tenga un criterio lo suficientemente “libre” para poder discernir sin el influjo de esa programación, simplemente ha de hacerse cargo de aquellas cosas que encontró en su búsqueda de sus problemas, hasta las últimas consecuencias. Deberá hacer un trabajo interno de transformación cambiando así su percepción de si mismo y de la vida. Porque de no ser así, como uno no se puede engañar a si mismo, no va a funcionar.

Puede parecer un llamamiento a la ruptura con tu pasado, pero en el fondo es un mensaje de esperanza y compromiso con uno mismo. Las cosas no van a cambiar porque a ti no te gusten, pero lo que si puedes hacer es cambiar la forma en que las observas y las sientes. Al cambiar tu, todo tu universo cambia.

Y desde ahí si, esa obra maestra que es tu castillo construido a Conciencia, brillará por su solidez, belleza y armonía, pareciéndose bien poco a un castillo en el aire.

Carlos Muñoz

https://softwarerojo.com/

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